En esta gran obra de
Franz Kafka, se expone el drama de la discriminación, de la rotura que suponen los compromisos y del efecto que la familia reverbera contra nuestro propio ser. Con un lenguaje cauto e inclemente a la vez, deja entrever un trasfondo demasiado árido, la acerbidad social, rozando a veces la sensibilidad del lector. Un surrealismo desmedido, propio del autor, alega a la desdicha de Gregorio Samsa, un comerciante que de la noche a la mañana ve como su entorno se amuralla contra él. Convertido en un insecto desconocido, se encuentra solo y aislado, con la única compañía de cuatro paredes que encogen casi con arritmia, irradiando la ansiedad de la paulatina transformación del protagonista. Poco a poco, su yo real dará paso a un espécimen salvaje y asocial, condenado a la soledad por sus propios padres. La obra, refleja no tanto la metamorfosis producida en Gregorio, sino la de su entorno, el rechazo y la incomprensión que causa a su alrededor
, conduciendo la narración hacia un inopinado final.
Es una lectura corta, que esconde demasiado en pocas líneas, de las que te hacen replantearte los pilares más básicos.
Sin embargo, su interpretación resulta, a veces, compleja y variante dependiendo del propio lector. Aunque sin duda, los aspectos que salen a relucir son la soledad y el desamparo del ser, antes y después del proceso metamórfico, reflejando pues, la corruptora mezquindad social.
Totalmente recomendable, en pos de una sociedad aún demasiado intransigente, lacrada contra todo y todos. ¿Seremos capaces de ver más allá de los cimientos enraizados?
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